Murales del Palacio de Bellas Artes

Murales del Palacio de Bellas Artes en México DF

19 agosto, 2013

Murales del Palacio de Bellas Artes en México DF

Los murales del Palacio de Bellas Artes en México DF constituyen una peculiaridad en materia museística, ya que esta colección permanente está integrada por murales de los más renombrados pintores mexicanos, que fueron creados especialmente para el museo, como muestra del arte mexicano.

Esta colección está integrada por 14 murales pertenecientes a Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, Jorge González Camarena, Roberto Montenegro y Manuel Rodríguez Lozano.

Debido a las características con que fue creada, esta colección de murales conforma una muestra sobre las distintas visiones y técnicas del arte muralista mexicano, lo cual explica los diferentes discursos pictóricos que la componen.

Los murales fueron pintados por encargo en diferentes épocas por los mayores muralistas del país, con la intención de plasmar un muestrario del panorama pictórico azteca.

El mural de Diego Rivera recupera el que ejecutara en el Rockefeller Center, y que fuese destruido. Conocido como El hombre controlador del universo, este mural fue ejecutado con técnica clásica. La temática pone a un obrero como centro de un mundo donde se enfrentan los binomios de capitalismo-comunismo, naturaleza-máquinas, arriba-abajo, pasado-futuro, universo-interior del organismo, etc.

Murales del Palacio de Bellas Artes en México DF
José Clemente Orozco pintó el mural titulado Katharsis, donde plasma su preocupación por la situación internacional del momento y sus temores acerca de la supervivencia de la humanidad.

Murales del Palacio de Bellas Artes en México DF
Diez años después de la inauguración del museo, se convocó a David Alfaro Siqueiros para crear una serie de murales que ocuparían en el segundo piso, el espacio que separaba a los murales de Orozco y Rivera. En este marco, Siqueiros pinta un tríptico titulado La Nueva Democracia, una obra que plasma los horrores de la guerra y conmemora a la Revolución Mexicana. Para esta pintura, el artista emplea los efectos ópticos mediante la perspectiva poliangular, dando la impresión de que las figuras salen del cuadro. Para lograr textura y opacidad, Siqueiros empleó piroxilina (una laca automotiva de resina nitrocelulósica). Este mural se sale de los límites del panel en que fue pintado, invadiendo la cornisa, como otro recurso pictórico para involucrar al espectador.

Rufino Tamayo fue comisionado en 1952 para realizar dos pinturas de gran porte sobre lienzo, que fueron colocadas en el primer piso, separadas de los autores más notables. Desde su visión moderna del origen indígena del arte mexicano, Tamayo responde a los murales de Siqueiros, con quien estaba en desacuerdo. La técnica que este artista emplea es la pintura vinílica, de reciente aparición. El pintor utiliza una paleta que armoniza con los materiales de la decoración interior del Palacio de Bellas Artes.

Se agrega a la colección en la década de 1960 la obra del pintor Jorge González Camarena, que creara el mural: Liberación, donde recupera la paleta y materiales de Tamayo.

Para culminar la muestra se sumaron los murales de Roberto Montenegro (Alegoría del viento, 1928) y Antonio Rodríguez Lozano (La piedad, 1942), que fueran desmontados de sus emplazamientos originales y vueltos a ensamblar en el Palacio de Bellas Artes.

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